En la sociedad actual, la aceleración constante, las demandas laborales y personales y la omnipresencia de la tecnología nos han alejado de un aspecto fundamental de nuestro bienestar: la conexión con nuestro cuerpo. Este distanciamiento no solo afecta a nuestra salud física, sino que también nos desconecta de nuestras emociones y de la inteligencia profunda que alberga nuestro cuerpo. Comprender y reconectar con nuestra corporalidad emocional no solo es clave para una vida más equilibrada, sino que también constituye una herramienta esencial para gestionar la ansiedad y el estrés.
El concepto de corporalidad emocional hace referencia a la interrelación intrínseca entre nuestras emociones y el cuerpo físico. Siempre repito en mis talleres y formaciones que las emociones no son meramente estados mentales, sino que se expresan y se sienten a través del cuerpo. Por ejemplo, la tristeza puede manifestarse como un nudo en la garganta, la ansiedad como un peso en el pecho o el estrés como tensión en los hombros. Estas manifestaciones no son casualidades, sino señales valiosas que nuestro cuerpo nos envía para alertarnos de que algo necesita atención. Aquí es donde entra en juego la inteligencia corporal, una forma de sabiduría que no se basa en el razonamiento lógico, sino en la escucha profunda del cuerpo físico. Cuando ignoramos o reprimimos estas señales, las emociones no expresadas pueden acumularse y manifestarse en forma de ansiedad, estrés crónico o incluso enfermedades psicosomáticas.
Según datos recientes de la revista Our World in Data (2021), en España el 6,7 % de la población padece algún tipo de trastorno de ansiedad. Además, la prevalencia de estos trastornos ha ido en aumento en los últimos años, lo que refleja la necesidad de una mayor atención a la salud mental en el país.
La capacidad de sintonizar conscientemente con nuestro cuerpo para identificar y comprender las emociones que experimentamos puede parecer sencilla a simple vista, pero es un proceso que implica un enfoque intencionado en las sensaciones físicas, sin intentar juzgarlas ni cambiarlas. Al prestar atención a nuestro cuerpo, podemos identificar patrones de tensión, posturas habituales y zonas de incomodidad que pueden ser indicios de emociones no procesadas. Esta práctica nos permite intervenir antes de que el estrés y la ansiedad se conviertan en problemas crónicos. Escuchar nuestro cuerpo nos da la oportunidad de responder a nuestras necesidades emocionales de manera adecuada, ya sea a través de la relajación, la actividad física, la danza, el arte, la expresión emocional o la búsqueda de apoyo externo.
A través de la escucha corporal, podemos identificar las señales iniciales de ansiedad o estrés antes de que se conviertan en un ciclo prolongado en el tiempo. Por ejemplo, si notamos que nuestros hombros están constantemente tensos, podemos utilizar esta información para explorar qué emociones estamos conteniendo o qué situaciones nos están generando angustia. Esta conciencia nos permite tomar medidas proactivas y reconocer patrones emocionales repetitivos que podrían estar alimentando nuestra ansiedad. Al hacerlo, podemos empezar a transformar estos patrones, sustituyendo la reacción automática por una respuesta más consciente y adaptativa.
Si quieres empezar hoy mismo a entrenar tu escucha corporal, te propongo algunas prácticas sencillas que pueden ayudarte:
• Mindfulness corporal: Dedica unos minutos al día a escanear tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. Observa las áreas de tensión, incomodidad o relajación, sin juzgarlas. Esta práctica no solo te conecta con tu cuerpo, sino que también te proporciona una visión clara de tu estado emocional.
• Respiración consciente: La respiración es una herramienta poderosa para regular el sistema nervioso. Practica la respiración profunda, inhalando lentamente por la nariz y exhalando por la boca, prestando atención a cómo se siente tu cuerpo en cada ciclo respiratorio.
• Movimiento y expresión corporal: Muévete de manera consciente, sintiendo cada movimiento y permitiendo que el cuerpo se exprese libremente.
• Pausas de escucha: A lo largo del día, tómate pequeños momentos para detenerte y preguntarte cómo se siente tu cuerpo. ¿Estás tensa? ¿Cómoda? ¿Qué emociones aparecen cuando te conectas con estas sensaciones?
Cuando cultivamos la escucha corporal, no solo mejoramos nuestra capacidad para gestionar la ansiedad y el estrés, sino que también construimos una relación más armoniosa con nosotras mismas. En un mundo donde la mente a menudo toma el control, es esencial recordar que el cuerpo es un aliado poderoso en nuestro bienestar emocional. Al escucharlo, nos abrimos a una forma más profunda y auténtica de vivir, donde la salud mental y física se entrelazan de manera integral.